La inteligencia emocional no es solo una habilidad psicológica.
También tiene una base biológica.
La epigenética muestra que nuestras experiencias —especialmente el estrés o la seguridad emocional— influyen en cómo se activan los genes relacionados con la regulación del estrés.
No cambia tu ADN.
Cambia su expresión.
Tu biología aprende del entorno.
Y lo mejor: puede seguir adaptándose.








